26.8.14

Detalles de la Zaragoza del año 1836 por un viajero británico

Publicaron en 1836 más o menos, el libro “Manual para viajeros por España”, y en su capítulo siete cuando habla del Reino de Aragón nos deja un texto sobre Zaragoza muy curioso.

Teníamos seis posadas con la importancia de ser consideradas así: Las Cuatro Naciones con parada para diligencias, La Casa Ariño, El León de Oro, y otras tres importantes sin conocer su nombre en el Coso, en la calle El Turco y en la calle Areocineja. Además tenía otras repartidas por las afueras de la ciudad en casi todas las carreteras de entrada y salida.

Nos deja Richard Ford en el libro —el gran viajero británico que escribió la obra—  una frase lapidaria: “No quedan restos de la ciudad romana, que tanto moros como españoles (así lo dice, cuando debería decir cristianos si los quiere diferenciar) utilizaron los restos como cantera, y siempre que se encontraban antigüedades cavando, ocurre algo que es muy frecuente en España: que vuelven a ser enterradas calificándolas de viejas piedras inútiles”.

Nos dice también que Zaragoza era una ciudad monótona, sombría y anticuada. Sum población debía ser de unos 65.000 habitantes tras haber salido de los dos Sitios de Zaragoza muy herida. Era la capital de provincia y por ello la residencia del Capital General y de todas la autoridades civiles y militares. Dice también que Zaragoza no es ciudad para entretener al viajero por que los invasores han arruinado palacios, bibliotecas, hospitales e iglesias. Y que se debería comenzar la visita a la ciudad desde el Puente de Piedra para poder ver las dos catedrales de esta ciudad ultracatólica que se reparten cada seis meses la oficialidad como Catedral de Zaragoza, pues ambas son distintas en todo, incluidas sus salves y rezos.