14.8.17

Aragoneses: Luis Aparicio Mayor, Luis de Serrano

Haciendo honor a su segundo apellido, se ha ido a una no mayor edad un más que grande. Un descendiente de alcaldes y regidores locales, según esa marca también indicativa de origen sefardí. Pero en Berdún era Apa, su padre funcionario forano, su madre de casa Serrano. Alicia, un nombre precioso. Una mujer fuerte y flexible como una verga de Veral, a la que le toca tener que sobrevivir a este personaje.
Baldellou, Litera, paraíso compartido por Luis, donde tantos años vivió y fue maestro. Elegimos con flores silvestres, margaritas resistentes y una vista donde más allá de la belleza de este Berdún oriental, se atisban los inicios de la bellísima y desierta, desconocida en Aragón, sierra del Montsec


Cuando se afina la luz y los contornos en agosto, cuando la noche alarga y en los años secos las uvas, reinetas y tomates de pera indican añadas históricas de sidra, vino y gazpacho dulces, con este cierzo que hiela el alma en los idus de agosto y que adelanta el inverno… En este momento de permuta con el mes de febrero –el mes donde se nos va tanta gente mayor cansada por el invierno- coincide que nos dejan en Berdún los exponentes de una generación, una visión del mundo, los hijos de una transición fallida…


Luis fue maestro, hortelano y un gran ebanista por vocación. Tenía un taller donde en todo momento se oía Radio 2 y un huerto con semillero tradicional que daba gusto. Aunque a él le gustaría que se subrayara lo último, debemos recordar que también ser maestro con ello tiene relación, y que inoculó, como un Félix de Azara de nuestro tiempo, respeto por la naturaleza y una forma de vida en paz y sin prisas a muchos alumnos que, más que nada fuera de Berdún pues poco fue maestro en su pueblo, le van a echar enormemente en falta.


También como vecino le añoraremos. Su presencia en el bar una sola hora diaria, su respeto por los demás sin hablar jamás de ellos, sus sabias reflexiones tímidas y siempre bajo presión de conversación, su actitud machadiana de maestro con torpe aliño indumentario…
Luis Aparicio y yo amábamos la longaniza a la brasa de Benabarre y el congosto de Camporrells, por recordarnos nuestro paisaje. A 200 kilómetros en nuestra misma provincia.


Luis y Pepe de Sangorrín son historia. Historia de cada pueblo aragonés cuando todavía nacía gente, se tuvieron sueños de reconstrucción de la educación perdida en la República y quienes tienen esa edad y verán los 61 años, por la vía del Seminario, por la vía de la Escuela de Magisterio como él y José Julián Lanau, por la vía secretaría accidental del Ayuntamiento de L’Aínsa como José Miguel Pérez Turrau, se convirtieron en el modelo, en los artífices, para la primera generación obrera en llegar a la Universidad, que fue la mía.


La pasión por el entorno y las especies que lo conforman, eje de la conversación en Berdún entre el propio Luis y Luis Pérez Turrau, veterinario en Burgos. A veces acompañados por mí, muchos años más joven, en una trilogía homónima que no podremos repetir. Yo siempre escuchando, sólo puedo hablar así.


Todos ellos me sentaron cátedra de ilusión, de vivir el medio rural de otra forma… Han sido un consuelo para mí que no tengo hermanos, porque siempre los he sentido como eso.


Lo cierto es que a ninguno les llamaron nunca para perfeccionar la historia de la transición, que a mí me pareció trucada desde el principio. Insisto, entiendo que no me hayan llamado a mí nunca, pero a ellos… No hay ni una sola excepción positiva en lo que estoy afirmando.


La función pública fue su más que digno refugio para participar, es el mío porque ellos me enseñaron ese humilde camino del servicio a los demás.


Porque la Transición, se ha visto, no ha sido nunca un gobierno ilustrado de los mejores o Luis Aparicio, como teólogo de la educación, y tantos otros tendrían que haber tenido un lugar. No por reclamarlo, sino porque les hubiéramos tenido que convencer los demás para ilustrar y gobernar. Para poner de una puta vez el nombre de Normante y Carcavilla a una calle de Berdún. Semilla de Labordetas, y no pondré nombre propio delante porque hay algunos.


No ha pasado esto, como bien sabéis. Han, y esperemos que hayamos, vivido escondidos como maestros artesanos de su profesión, silentes,  como diamantes en los abismos de las entrañas de la sociedad rural aragonesa.


Seguro que han asistido interiormente estupefactos, por fuera siempre distancia y respeto por los demás, a la proliferación de nuevos agricultores, políticos y gestores culturales presuntamente de izquierdas, a veces educados por ellos, con una intolerancia al sufrimiento y a la frustración palmarias… 120 caballos de coche nuevo a los 19 años… Si lo jodes de fiestas, pues otro… Tablet al viento… Márquetin político… De cualquier partido, pero menos del nuestro, que conste.
Bellísima escuela republicana de Ansó, la de Berdún recién restaurada es parecida. . Frío en el espinazo de Berdún
El recuerdo que os quiero legar de Luis procede de allende de Berdún, del otro extremo de Huesca… Siempre bajando cada año a la Delegación Provincial con el anhelo de dar clases cerca  o al menos en Jacetania y nunca moviendo los contactos para hacerlo…
Nunca sindicato ni afiliado… Resultado, le mandaban generalmente al otro mundo pero no…


De ese mundo quedan nuestras comidas en Camporells, nuestros cafés en Baldellou, nuestras cervezas de tercio en Castillonroy donde, con La Vanguardia como señora de la barra y en perfecto catalán altomedieval, veían extraño que repitiéramos ronda de cerveza, pagando una cada uno… Y nos preguntaban si es que seguíamos teniendo sed…


Finalmente volvió a su queridísima Jacetania, a Ansó como maestro, finalmente a Berdún donde poco hemos podido disfrutarlo, más que en vacaciones escolares…


Descanse en paz este ejemplar maestro, en representación de todos los docentes de centros agrupados rurales, que han dado clase a niños y niñas de distintas edades. Conformando excelentes personas, después arrasadas por la tecnología y la cultura urbana y el fordismo y la mecanización agrícola comparativa.


Siempre recordaré cómo cuando arrancaban un olivo en Baldellou, ya con Luis fuera, le llamaban los padres de sus antiguos alumnos, también amigos míos, para darle una parte de la raíz para que la tallara en Berdún. Debido a que Luis enseñó a los pocos niños del lugar cuáles eran sus árboles y verduras y que los amaran. Y tocaron a través de sus ojos y su larga barba la dureza del olivo, la aparente dureza del boj, la flexibilidad del fresno…


La vida de cada uno no es más que esta combinación de maderas que todos nosotros tenemos que albergar en nuestra vida como vecinos, familia de otros, amigos o amantes.
Se me vuelve a crear otro agujero negro en el bar de Berdún que nadie podrá llenar. Pero quiero homenajearlo con su paisaje querido del otro extremo de Huesca, para compartirlo también con el resto de amigos y familia que lloramos su pérdida no solo en mi pueblo.

14/08 Luis de Terreta, Berdún
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